Del logro al propósito 

Por Cristal Ocampo Ruiz, recipiente de una beca de BWIM NC y recién graduada de la Duke Divinity School, en la Casa Bautista de Estudios

Mientras cruzaba la tarima al escuchar mi nombre, en lo único que podía pensar era en lo orgullosa que habría estado mi abuelita al presenciar este momento. 

Los sueños, las expectativas, los retos, las metas, las obligaciones y todo lo que cargo en el corazón cobran sentido en este momento. Al cruzar la tarima, para la investidura de mi capucha y recibir la bendición que me envían a servir con amor y fidelidad, contemplo el cierre de una etapa exigente y hermosa de mi vida. 

Y, sin embargo, no es el final, sino un nuevo capítulo. La historia que Dios, en su infinita gracia, continúa escribiendo, en mí y a través de mí, me recuerda que mi vida tiene propósito, y que cada paso forma parte de una misión mayor a la que he sido llamada. 

Han sido cuatro años de disciplina, tareas, desafíos, noches sin dormir y miedo de no ser capaz de terminar. 

Pero también fueron cuatro años de conocimiento, aprendizaje, amistades, experiencias y recuerdos que perdurarán toda mi vida. 

A pesar de los nervios y la ansiedad por lo que me espera al otro lado de la tarima no puedo evitar más que sentir un profundo agradecimiento, primero a Dios por todo lo que me ha concedido y a mi familia por apoyarme, aguantarme y siempre creer en mí, incluso cuando yo misma dudaba. 

Cuando Dios tiene algo para ti no hay poder humano que vaya en contra de ello. 

A lo largo de mis experiencias, tanto personal como profesional, había algo muy dentro de mi que no podía reprimir. El servir, y tener las herramientas necesarias para ayudar eficazmente a mi comunidad son las fuerzas impulsoras que me llevaron a tomar la decisión de dejar mi trabajo para responder a una vocación y estudiar tiempo completo. 

Estoy muy emocionada del porvenir que Dios tiene para mí y ahora enfrento el futuro con certeza y esperanza. Porque no se trata de mi – ni de mis fuerzas y conocimiento – sino más bien de cuán dispuesta y abierta estoy a las posibilidades que Dios me brinda. Es verdad, Dios no llama al equipado sino equipa al llamado. Al responder a ese llamado somos recordados que no caminamos solos. Estar “listo” no es un estado del ser, es un estado mental. Es una decisión. 

No tengo todo resuelto, pero si tengo la certeza que se nos ha prometido fuerza renovada para el camino que tenemos por delante – Isaías 40:31. 

Y quizás eso es la fe: avanzar aun cuando no vemos todo el trayecto, confiando en Aquel que si lo ve. Hoy no camino con todas las respuestas, pero sí con la paz de saber que Dios ya está en cada paso que me espera. 

Los sueños que aún no alcanzo a visualizar, las puertas que aún no se abren, y los caminos que todavía no alcanzo a ver están seguros en Sus manos. 

Porque si Su bondad me ha acompañado hasta aquí, no tengo la menor duda que lo mejor de Su propósito en mi vida está por venir. 

De todo corazón,
Cristal 

Previous
Previous

Summertime, and the livin' is easy

Next
Next

From Achievement to Purpose